El pasado 26 de Agosto el mundo conoció la noticia acerca de una escuela para niñas ubicada en Kabul, Afganistán que fue blanco de un ataque con gas toxico perpetrado por el Movimiento rebelde Talibán afectando decenas de niñas y profesoras.
Con este ya son 17 los ataques registrados este año contra escuelas de niñas en este país, cinco de estos en la ciudad de Kabul.
Investigaciones afirman que el Movimiento rebelde Talibán y otros grupos que se oponen a la educación femenina están llevando a cabo este tipo de actos para atemorizar a las niñas Afganas con el fin de que dejen de asistir a la escuela.
Afganistán es un país de unos 23 millones de habitantes, con 23 años de guerra y destrucción y cinco años bajo el dominio de las autoridades talibanas, lo han convertido en uno de los países más pobres del mundo registrando la segunda tasa más elevada de mortalidad materna en el mundo. Incluso antes del régimen talibán, este país registraba altas tasas de mortalidad materna e infantil y muy bajas tasas de alfabetización de mujeres. No obstante, la mujer participaba en la vida económica, social y política del país. Hasta comienzos de los años 90, las mujeres eran maestras, funcionarias públicas y doctoras, así como profesoras, abogadas, periodistas y escritoras, hasta que en el año de 1996 los talibanes llegaron al poder, discriminando y marginando a mujeres y niñas, violando sus derechos humanos. Esto agravó las condiciones económicas y sociales de las mujeres y las niñas en todo el territorio nacional.
Las mujeres y las niñas se siguieron encontrando con graves limitaciones en su acceso a la educación, a la salud y el empleo. Durante el régimen talibán, sólo alrededor del 3% de las niñas recibieron alguna forma de enseñanza primaria. La prohibición del empleo de la mujer también afectó a la educación de los hombres, ya que la mayor parte de los maestros eran mujeres. El Movimiento talibán ordenó incendiar las escuelas exclusivas para las menores y amenazaron e incluso agredieron a profesoras que intentaran enseñarles, quitándoles el derecho a su educación.
Estas políticas talibanas restringieron también la libertad de circulación de la mujer. El hecho de que las mujeres sólo pudieran viajar acompañadas por un familiar varón complicó la situación de los hogares encabezados por mujeres. En mayo de 2001, los talibanes prohibieron que las mujeres condujeran automóviles, lo cual limitó aún más sus actividades. A raíz de esto La reclusión de las mujeres en sus hogares constituyó una forma de encarcelamiento que también creó obstáculos para que las mujeres se reunieran. Si una de ellas era vista en público, los talibanes la hostigaban o la sometían a castigos físicos.
Desterradas del espacio público, las mujeres tampoco podían cumplir ninguna función en el proceso político y quedaron excluidas de los asuntos públicos del país. Las mujeres afganas padecieron actos de violencia en el hogar y otros tipos de violencia en los últimos 25 años, no sólo bajo el régimen talibán.
Noticias como la de estas niñas víctimas de una intoxicación nos muestra que la situación para las mujeres no ha cambiado mucho, a pesar de la intervención de los miembros de la comunidad internacional, y aunque se han presentado cambios, estos no han sido drasticos, pero vale la pena destacar el animo y la actitud de algunas mujeres al querer salir adelante y revelarse ante esta situacion.